zv7qrnb
TDAH

TDAH

Trastorno por déficit de atención con hiperactividad

Trastorno por déficit de atención con hiperactividad

Actividad metabólica cerebral en personas sin TDAH (izquierda) y con él (derecha): este síndrome conductual se asocia con patrones neurofisiológicos distintivos.1

Clasificación y recursos externos

CIE-10 F90
CIE-9 314.00, 314.01
CIAP-2 P81
OMIM 143465
DiseasesDB 6158
MedlinePlus 001551
PubMed Buscar en Medline mediantePubMed (en inglés)
eMedicine ped/177
MeSH D001289

Sinónimos

Trastorno de la actividad y la atención (CIE-10).
Síndrome hipercinético (DSM-II).
Trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad (DSM-III).
Síndrome de déficit de atención.
Disfunción cerebral moderada.

Aviso médico

 

El trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) es un síndrome conductual.2 Es un trastorno muy prevalente que, según estimaciones, afecta entre un 5 % y un 10 % de la población infanto-juvenil,3 4 siendo unas 3 veces más frecuente en varones.2 Se han demostrado diferencias entre diversas áreas geográficas, grupos culturales o niveles socioeconómicos. Representa entre el 20 % y el 40 % de las consultas en los servicios de psiquiatría infanto-juvenil.2

Se trata de un trastorno del comportamiento5 caracterizado por distracción moderada a grave, períodos de atención breve, inquietud motora, inestabilidad emocional y conductas impulsivas. Tiene una respuesta muy alta al tratamiento, aunque se acompaña de altas tasas de comorbilidad psiquiátrica. Según el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-IV): «Habitualmente, los síntomas empeoran en las situaciones que exigen una atención o un esfuerzo mental sostenidos o que carecen de atractivo o novedad intrínsecos (p. ej., escuchar al maestro en clase, hacer los deberes, escuchar o leer textos largos, o trabajar en tareas monótonas o repetitivas)». Este «trastorno» se identificó primero en la edad infantil. Sin embargo, a medida que mejor se comprendía, se fue reconociendo su carácter crónico, ya que persiste y se manifiesta hasta después de la adolescencia (es difícil modificar comportamientos que ya están tan arraigados si antes no ha habido pautas correctoras de crianza). Los estudios de seguimiento a largo plazo han demostrado que entre el 60 % y el 75 % de los niños con TDAH continúa presentando los síntomas hasta su adultez.6

Históricamente, este trastorno ha recibido distintas caracterizaciones e innumerables denominaciones, lo que dificulta las consultas de la literatura especializada (ver cuadro). Cabe agregar que la sigla inglesa ADHD (Attention-Deficit Hyperactivity Disorder) se usa ampliamente para referirse a este síndrome.

Índice

Etiología

Se han demostrado factores de origen hereditario (es decir, no adquiridos en el curso de la vida del individuo) en un 80 % de los casos. Diversos estudios demuestran que no hay una transmisión familiar del trastorno (a través de patrones educativos).7 En contraste, cabe destacar que la contribución estimada de factores no hereditarios a todos los casos de TDAH es de un 20 %.8Para explicar esa minoría de casos, se ha propuesto la intervención de causas multifactoriales que suponen también factores genéticos, aunque en combinación con factores ambientales. La influencia de causas congénitas que podrían actuar durante la gestación (es decir, no hereditarias; con participación de factores genéticos o ambientales en proporciones variables), tales como la exposición en útero a la nicotina, no se consideran tan importantes como hace unas décadas. Es de notar que, incluso en casos que a primera vista se atribuyen a factores ambientales (como el recién mencionado), la intervención del factor netamente genético ofrece una explicación plausible. En ese sentido, se ha establecido que los índices de tabaquismo entre mujeres con TDAH son varias veces mayores que en la población general; y, en virtud de ello, ellas son también más propensas a fumar durante el embarazo; como corolario, la presencia del TDAH en el niño por nacer remite nuevamente a factores genéticos.

Genética

Los estudios de concordancia genética para el diagnóstico en gemelos revelaron tasas de concordancia de un 25 a 40 % para gemelos dicigóticos (DC o “mellizos”) y de un 80 % para gemelos monocigóticos (MC o “idénticos”). Los distintos estudios familiares le asignan al TDAH una heredabilidad de casi el 80 %; esto lo ubica aproximadamente, en relación con este aspecto de la carga hereditaria, entre la esquizofrenia y la estatura.2 Se trata de un trastorno de herencia poligénica’: de acuerdo con la evidencia, múltiples genes contribuyen al fenotipo del TDAH.3 La base de datos del proyecto Mendelian Inheritance in Man, que cataloga todas las enfermedades de base genética conocidas, relaciona este trastorno con determinados loci del mapa genético correspondientes a los siguientes genes:

Se han identificado, asimismo, varios loci asociados con una susceptibilidad para este trastorno, tales como los bautizados ad hoc:

En este mismo sentido, estudios en farmacogenética han establecido, por ejemplo, una asociación entre la respuesta al metilfenidato en adultos con TDAH y un polimorfismo en SLC6A3 (DAT1).13 Actualmente, la contribución de la genética es objeto de estudio; se apunta al desarrollo de una prueba genética para el diagnóstico del trastorno.14

Fenotipo

Neuroquímica y neuroanatomía: El cerebro de los individuos afectados muestra una actividad atípica, lo cual se ha demostrado utilizando técnicas de neuroimagen comotomografía PET y resonancia magnética (estructural y funcional). Se observa un déficit en la acción reguladora (inhibitoria) de ciertos neurotransmisores (dopamina y norepinefrina), a nivel de la corteza prefrontal y estructuras inferiores (cuerpo estriado). El neurotransmisor serotonina también estaría implicado; sobre todo debido a su rol en el control de los impulsos, mediado por su acción sobre el eje mesolímbico-cortical.

En adultos con TDAH, se encontró una disminución del 8,1 % en el metabolismo cerebral de la glucosa en relación a los controles, sobre todo a nivel de la corteza prefrontal y áreas premotoras.1

Se han realizado estudios utilizando resonancia magnética funcional durante la realización de pruebas que requieren un esfuerzo cognitivo del paciente. Se ha observado que, en los sujetos normales, se activa la corteza cingulada-dorsal-anterior; mientras que, frente a la misma exigencia, los que tienen TDAH activan zonas secundarias fronto-estriadas.15

En cuanto a los hallazgos neuroanatómicos, se han encontrado menor volumen cerebral en áreas prefrontales y premotoras, así como también en el vermis cerebeloso en pacientes que tienen TDAH.16

Diagnóstico

Como se ha mencionado antes, el TDAH integra la clasificación del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-IV) de la American Psychiatric Association(APA). Se inscribe en el grupo de los denominados trastornos de inicio en la infancia, la niñez o la adolescencia y, en particular, en la clase de trastornos por déficit de atención y comportamiento perturbador. En virtud de todo lo anterior, el TDAH es una entidad que remite a un trastorno. En términos generales, y en consistencia con el modelo conceptual del manual, el término “trastorno” apunta a definir un patrón comportamental de significación clínica asociado con un malestar, un impedimento o un riesgo significativamente aumentado de sufrir dolor, discapacidad o pérdida de libertad.

Los rasgos principales del TDAH son, por una parte, la dificultad para sostener la concentración (déficit de atención), sobre todo en circunstancias que ofrecen baja estimulación y, por otra, la falta de inhibición o control cognitivo sobre los impulsos, frecuentemente asociadas con inquietud motora (hiperactividad-impulsividad). Estos dos conjuntos de signos pueden aparecer por separado o combinados.

En ese sentido, se reconocen tres subtipos de TDAH:

  • Con predominio de déficit de atención. (Código CIE-10: F98.8)
  • Con predominio de conducta impulsiva e hiperactividad. (Código CIE-10: F90.0)
  • Tipo combinado, donde los dos trastornos anteriores se dan a la vez. (Código CIE-10: F90.0)

Los criterios DSM-IV fijan estándares no clínicos (sino estadísticos y meramente descriptivos de comportamientos) para establecer el diagnóstico del TDAH y de cada subtipo, de acuerdo a la presencia o no de una serie de síntomas (que no son otra cosa que, como hemos dicho, una descripción de comportamientos; es decir, una tautología: es inquieto porque padece TDAH, y padece TDAH porque es inquieto) y a su grado de intensidad. [1] El subtipo más común es el que combina los trastornos de la atención con hiperactividad e impulsividad (60 %). Los subtipos puros son menos frecuentes (déficits atencionales, 30 %; hiperactividad e impulsividad, 10 %).2 Por el momento, “no hay pruebas de laboratorio que hayan sido establecidas como diagnósticas en la evaluación clínica del trastorno por déficit de atención con hiperactividad”.17

Organización Mundial de la Salud

El TDAH como entidad clínica se encuentra recogido en la Clasificación internacional de enfermedades, décima revisión (CIE-10), la cual representa un marco etiológico. En cambio, el funcionamiento y la discapacidad asociados con aquel trastorno se tratan en la Clasificación internacional del funcionamento, de la discapacidad y de la salud (CIF), esta última, auspiciada y publicada también por la Organización Mundial de la Salud, y adoptada a nivel mundial.

Aún cuando varían los códigos utilizados, los criterios del DSM-IV para el diagnóstico de este trastorno son prácticamente idénticos a los que especifica la CIE-10. En lo que respecta a esta última, se requieren al menos: seis síntomas de desatención, tres de hiperactividad y uno de impulsividad. La denominación adoptada en ese índice es trastorno de la actividad y la atención, entidad que integra, a su vez, el grupo de los trastornos hipercinéticos.

Criterio del deterioro funcional

Un diagnóstico idóneo supone no sólo presencia de los síntomas (evaluados por medio de los criterios normalizados del DSM-IV o de la CIE-10), sino además, como consecuencia de los mismos, una perturbación significativa en áreas importantes para la persona, como las relaciones familiares, las académicas, las laborales y las recreativas. En la medida en que el desempeño del individuo en estos ámbitos se ve deteriorado por causa de este síndrome conductual, la intervención terapéutica puede ser un aporte decisivo para una mejor calidad de vida.

Grupos etarios implicados

Aunque el diagnóstico suele afectar a niños, la definición del síndrome no excluye a los adultos, a los que se les puede detectar igualmente. Según los conceptos actuales, más de un 60 % de los niños afectados, manifestarán el síndrome en su vida adulta. Los síntomas de hiperactividad se manifiestan menos en adultos, sobre todo si gracias a una buena socialización han aprendido a desarrollar una conducta normal. La evidencia de que estos síntomas, en particular, suelen remitir después de la adolescencia, indujo el concepto de que el TDAH también lo hacía. Sin embargo, el déficit de atención y la impulsividad se presentan en la edad adulta bajo nuevas formas, sobre todo como un deterioro en las funciones ejecutivas. Este es un problema tanto o más grave que los síntomas en la infancia, pero más sutil como criterio diagnóstico. Se entiende también que los que han sido diagnosticados, ya adultos, del TDAH en adultos, sufrieron del trastorno durante su infancia.

Diagnóstico diferencial

El TDAH no es un trastorno del aprendizaje, aunque en muchos casos curse simultáneamente con desórdenes de ese tipo. Son en concreto los síntomas atencionales los que están más relacionados con los trastornos del aprendizaje. Un bajo rendimiento escolar no es condición necesaria ni suficiente para establecer el diagnóstico; no obstante, la importancia de estos trastornos radica en que suelen motivar la consulta y habilitar un diagnóstico temprano en aquellos casos en que se cumplen los criterios.

Con respecto a los síntomas de hiperactividad motora, pueden o no estar presentes, pero en caso de estarlo, son fácilmente detectados por el entorno del niño y favorecen la exploración clínica del problema.

Tampoco hay correlación entre este trastorno y un desarrollo intelectual inferior a la media. En pruebas psicométricas de cociente intelectual, la particular idiosincrasia del trastorno perturba los resultados, limitando la capacidad efectiva de medir adecuadamente el CI del sujeto. Esto es debido a que las pruebas exigen un mantenimiento sostenido de la atención que en muchos casos no se da en los sujetos con TDAH. La incidencia de estas conductas sobre las mediciones obtenidas no es necesariamente determinantes, pero imponen márgenes de error más amplios para esta población. Se ha podido verificar esta relación, evaluando sucesivamente sujetos con distinta intensidad de tales conductas perturbadoras, en una primera instancia sin tratamiento farmacológico, y posteriormente, una vez que este se ha instituido. Se observó un incremento estadísticamente significativo en los valores de las pruebas en sujetos cuyos síntomas conductuales se hallaban bajo control farmacoterapéutico, indicando que se puede atribuir a los mismos la diferencia en el rendimiento entre las dos instancias.

En sentido contrario, se ha observado que uno de los principales obstáculos para la detección temprana del síndrome se produce en pacientes dotados con una inteligencia superior a la media, que en virtud de ello logran compensar los síntomas del trastorno, superando airosos la etapa escolar. Sin embargo, en estos casos el TDAH a menudo se vuelve apreciable sobre el final de la adolescencia, en la medida en que aumenta la complejidad de las interacciones con el medio.

Un adulto joven diagnosticado con esquizofrenia generalmente sufre también de dislexia, dispraxia, y/o TDA/TDAH en la infancia.18

También es muy frecuente que el trastorno aparezca en adolescentes y adultos unido a otras psicopatologías, comórbidas al TDAH como son por ejemplo el trastorno oposicionista desafiante o el trastorno disocial. En muchos casos son estas comorbilidades las que se detectan y diagnostican, pasando desapercibido muchas veces el desorden estructural que sirvió de sustento para la aparición de los síntomas.

Tratamiento

Los síntomas del TDAH expresan un problema de pautas de crianza que constituye todavía el pilar más importante de la terapéutica. Los tratamientos habituales se basan paradójicamente en estimulantes, de los que muy pronto se observó que modifican positivamente los síntomas. Entre ellos están la cafeína y la nicotina, con los que a veces se automedican adolescentes y adultos. El primer informe idóneo avalando el uso de psicoestimulantes, data del año 1937, cuando Charles Bradley estableció la eficacia y seguridad del sulfato de anfetamina para el tratamiento de niños hiperactivos.

Actualmente, las sustancias más empleadas en Estados Unidos son el metilfenidato (principio activo detrás del nombre comercial Ritalina) y la d, l-anfetamina (Adderall), seguidas de la dexanfetamina (Dexedrina) y la metanfetamina. Otros psicoestimulantes, de segunda línea en el tratamiento del TDAH, son la pemolina (Cylert) y el modafinilo (Modiodal). En los últimos años los fármacos de efecto inmediato tienden a ser sustituidos por otros preparados que, con los mismos principios activos, logran un efecto más prolongado, mejorando la calidad de vida de los afectados, sobre todo los escolares.

Respecto del modafinilo, su eficacia fue comprobada y estuvo a punto de lanzarse al mercado para tratar el TDAH; sin embargo, nunca alcanzaría las góndolas de las farmacias. Habiendo culminado la fase III de ensayos clínicos para ser aprobado en Estados Unidos con esta indicación, el 21 de octubre de 2005 la Administración de Alimentos y Drogas (FDA) aceptó la solicitud para comercializar Sparlon (modafinilo) como tratamiento del TDAH en niños y adolescentes de 6 a 17 años. Se esperaba el lanzamiento para inicios de 2006.19 Sin embargo, el 8 de septiembre de ese año, la FDA decidió finalmente denegar la aprobación y solicitó nuevos estudios concernientes a la seguridad del fármaco. En respuesta a esto, Cephalon anunció que abandonaba el desarrollo del producto. Con todo, el incidente sirvió para establecer la eficacia del modafinilo para tratar el trastorno, la cual resultó validada.20

Más recientemente, se aprobó en EE. UU. la prodroga lisdexanfetamina (Vyvanse), cuya molécula resulta de una amalgama de dexanfetamina con el aminoácido lisina. Como consecuencia de esa modificación en la estructura, el organismo demora mucho más tiempo en metabolizar la sustancia, y la acción terapéutica se prolonga notablemente. Se la considera prodroga porque sus efectos son debidos a la dexanfetamina, y ésta se separa del aminoácido exclusivamente en el hígado.

En España el único estimulante aceptado para el tratamiento del TDAH es el metilfenidato, comercializado con el nombre de Rubifen (efecto inmediato) o Concerta (liberación prolongada). Otro fármaco disponible es la atomoxetina (Strattera). En cuanto al modafinilo (Modiodal), carece aún de aprobación expresa para esta indicación. Sin embargo, los profesionales de la salud tienen el derecho de recetarlo off-label para tratar el trastorno, si es pertinente.

El mecanismo de acción de los estimulantes ha sido objeto de múltiples investigaciones, y derivó en hallazgos neurobiológicos de relevancia clínica. Probablemente, en el medio plazo, la instrumentación de métodos como la tomografía por emisión de positrones en el diagnóstico del TDAH, aportará información decisiva para la validación del esquema farmacológico. Este último ha sido objeto de controversia debido a investigaciones científicas que asocian los estimulantes (sobre todo la Ritalina) con una serie de riesgos y complicaciones. No obstante, dentro de la comunidad científica, existe consenso respecto de los beneficios netos de la terapia con estimulantes y, en particular, de su eficacia y seguridad, aduciendo la evidencia provista por 70 años de investigación: más de 200 estudios controlados han demostrado que la medicación estimulante es un recurso efectivo para tratar el TDAH.7

Aunque los estimulantes son primera línea en la terapéutica psicofarmacológica de este trastorno, algunos agentes antidepresivos como la fluoxetina (Prozac), el bupropión(Wellbutrin), la venlafaxina (Effexor) y la desipramina, han mostrado cierta utilidad, sobre todo cuando el TDAH cursa con comorbilidades como el trastorno depresivo mayor otrastornos de ansiedad (por ejemplo, trastorno de ansiedad generalizada).

Están en marcha investigaciones clínicas que buscan ampliar la aplicación de principios activos adrenérgicos, no estimulantes, tales como la atomoxetina (Strattera, un inhibidorde la recaptación sináptica de la norepinefrina) o agonistas alfa-adrenérgicos como la clonidina y la guanfacina. De estos tres, sólo la atomoxetina ha sido aprobada con esta indicación. Lanzada en el año 2002, la atomoxetina se postula como fármaco de segunda línea, cuando los estimulantes no son bien tolerados. [2] Su tasa de éxito terapéutico no supera la de los fármacos tradicionales. [3] Tampoco tendría un perfil más benigno de efectos secundarios. Por tratarse de una sustancia nueva, se carece de información completa respecto de los efectos esperables a largo plazo. Recientemente se ha relacionado a la atomoxetina con riesgos aumentados de toxicidad hepática, aunque la evidencia en este sentido es preliminar. A esto se sumó, el 28 de septiembre del 2005, una advertencia de la agencia de salud de Canadá, vinculando el uso de esta droga con posibles fenómenos de despersonalización, auto-agresión e ideación suicida, entre pacientes adultos y pediátricos. [4]

Tal como ha sucedido con otras psicopatologías cuyo tratamiento es preeminentemente farmacológico, tanto la entidad diagnóstica de TDAH como la viabilidad del tratamiento médico, han sido abiertamente rechazados por movimientos antipsiquiatricos (ver antipsiquiatría).

También está aceptado el tratamiento psicológico de los problemas conductuales asociados. El tratamiento con psicofármacos puede ser coadyuvante del tratamiento psicológico que normalmente busca una reducción de las conductas disruptivas del niño en los diferentes ambientes mediante terapias enmarcadas en corrientes cognitivo-conductuales. Igualmente puede ser aconsejable una intervención psicopedagógica sobre los problemas de aprendizaje que suelen aparecer en gran parte de los sujetos con TDAH. Actualmente se están desarrollando terapias de desarrollo positivo en los niños, que intentan reforzar los aspectos potenciales de los jóvenes mediante deporte y dinámicas de grupo. Diferentes investigadores han desarrollado modelos de refuerzo mediante economía de fichas con grupos de niños con TDAH y se ha establecido que bien conducido da mejores resultados que la terapia individual. De esta forma se pueden explorar aspectos como la autoestima y las habilidades sociales.

La complementariedad entre terapias cognitivo conductuales mediante productos de estimulación multisensorial y el apoyo psicofarmacológico si fuese estrictamente necesario, parecen hoy en día el mejor tratamiento para el TDAH.

Controversia

El público general se percató por los medios de comunicación masiva de la controversia montada en torno al tratamiento del TDAH. En 1969 la Iglesia de la Cienciología fundó su Comisión de Ciudadanos por los Derechos Humanos (CCHR); inmediatamente inició una campaña abierta en oposición a la medicación psiquiátrica en general y al Ritalin, en particular. El descrédito y la censura se cernieron sobre el asunto hasta mediados de los años noventa. La reivindicación de valores como el derecho a ser diferente de lo “normal” (tanto fuera, por ejemplo, homosexual o superdotado) en un mundo esclerosado por un culto incondicional al rendimiento y a la productividad, fue encarnada por los abanderados de la causa, en contraste con las prácticas presuntamente aberrantes de las compañías farmacéuticas, a las que se acusó de atentar contra los infantes. Subyacían en aquel discurso idearios de corrientes como la antipsiquiatría (Que toma varios elementos de las teorias de Foucault), la Cienciología, y también parte del movimiento psicoanalítico.

La confrontación se basa en los siguientes argumentos:

  1. la sospecha de que el trastorno está sobrediagnosticado;
  2. que se basaba en observaciones comportamentales en lugar de pruebas de laboratorio (ante lo cual, un neurólogo, psicólogo o psiquiatra diría: “La conducta es, per se, undato objetivo“);
  3. que diagnóstico y tratamiento pueden utilizarse como herramienta de control en niños intransigentes ante exigencias disciplinarias (bajo el supuesto de padres/educadores verdugos o indolentes);
  4. que las diferencias neurológicas en pacientes con TDAH pueden no ser patológicas (aun cuando tengan como correlato conductual disfunciones potencialmente discapacitantes para el sujeto);
  5. que etiquetar al niño como enfermo puede ser contraproducente para su autoestima y para sus relaciones interpersonales (a lo que cabe aducir que el reconocimiento del trastorno como algo más allá del alcance del sujeto y acerca de lo cual éste no puede considerarse responsable éticamente, abre una perspectiva para enfrentar las dificultades, con prescindencia del peso que cabe a connotaciones tales como: presunta debilidad moral, culpa o falta de voluntad).
  6. que para el tratamiento se prescriben drogas anfetamínicas (como la dexanfetamina, la anfetamina racémica o el metilfenidato). Estas drogas prescritas provocan los mismos efectos secundarios que la cocaína y la anfetamina (tanto a nivel conductual como a nivel neurológico), por lo que acaban causando un grave deterioro de la salud infantil.

Interpretaciones psicosociales

En un artículo publicado en el British Journal of Psychiatry, Sami Timimi postuló que el TDAH puede entenderse como un Constructo Social[5]. Un constructo social es una convención que se toma por hecho pero que no tiene una base natural. En este caso el construccionista social sostiene que el TDAH se clasifica como trastorno debido a las convenciones sociales en cuanto a lo que se considera comportamiento normal y anormal. Es decir, aquellos que están en la parte alta del espectro de inquietud e inatención son calificados de “problemáticos” y se les da una etiqueta médica. La base neurobiológica del TDAH no supone un desafío para el constructivista social, puesto que la diversidad neurológica puede preverse en cualquier espectro de comportamiento. En cuanto a las desventajas del TDAH, indican que los comportamientos considerados diferentes de lo normal también pueden ser desfavorables.

El TDAH en la vida diaria

Los niños con TDAH generalmente empiezan a andar precozmente, pero más que andar lo que hacen es correr “como si tuvieran un motor dentro”, refieren algunos padres. En sus inicios escolares tienen problemas con la lectoescritura y la matemática, habilidades que requieren un esfuerzo de concentración más prolongado.

Algunas de las actuaciones que se asocian habitualmente con el TDAH derivan de la inatención, impulsividad e hiperactividad, si bien ninguna de ellas es concluyente ni definitiva: no lograr mantener la atención a detalles o evitar cometer errores por descuido en el trabajo, realizar movimientos nerviosos con manos o pies, o retorcerse en el asiento, tener dificultad para mantener la atención en tareas o actividades de diversión, levantarse en situaciones en las que se espera que permanezca sentado, no escuchar cuando le hablan directamente o sentirse intranquilo e inquieto, no seguir instrucciones y no terminar el trabajo exitosamente, la dificultad para involucrarse en actividades calmadas en sus ratos de ocio o para organizar tareas y actividades, la sensación de estar “en marcha” o “empujado por un motor”, el deseo de evitar los trabajos que requieren un esfuerzo mental sostenido, hablar excesivamente, perder cosas necesarias para tareas y actividades, contestar abruptamente antes de que terminen de preguntarte algo, distraerse con facilidad, la impaciencia para esperar su turno, el olvido de sus deberes diarios o la interrupción en lo que otros están haciendo son rasgos característicos.21

Al llegar a la edad adulta, el individuo ha podido acomodar el TDAH a la vida real. Si bien las características del TDAH han sido plenamente referenciadas respecto a menores de edad, se suele señalar que no existen estudios suficientes respecto a adultos. No obstante algunas de estas características en adultos serían:22

  • Disminución del rendimiento académico y profesional.
  • Dificultades en el desarrollo social y emocional: Amigos poco estables, relaciones poco duraderas.
  • Comportamientos conflictivos.
  • Adicción a sustancias tóxicas: Según publicó el psiquiatra Néstor Szerman, un 20 % de los adultos que sufren adicciones a la cocaína, cannabis y otras sustancias, padecen TDAH y este índice llega a un 50 % en el caso de personas con dependencia alcohólica23 añadiendo que dicha drogadicción se suprimiría actuando más sobre el TDAH que sobre la propia drogadicción.
  • Síntomas depresivos: debidos a las carencias emocionales, laborales y educativas antes citadas y a la sensación de fracaso escolar o profesional.

Curiosidades

  • Leon Eisenberg Siete meses antes de morir, el famoso psiquiatra estadounidense que descubrió el trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH), afirmó que se trata de “un ejemplo de enfermedad ficticia”.Esta afirmación, hecha por el destacado médico, fue publicada por el semanario alemán ‘Der Spiegel’.[6]
  • La Sociedad Psicológica Británica ha sugerido que se diagnostique TDAH cuidadosamente, en particular en los Estados Unidos y Canadá.[7].
  • Thomas Armstrong ha dicho que la etiqueta de “TDAH” puede erosionar gravemente las posibilidades de ver lo mejor de cada niño, puesto que la comunidad médica sólo se centra en los aspectos deficitarios del TDAH. Armstrong promueve la idea de que existen diferentes tipos de inteligencia; últimamente ha adoptado el término “neurodiversidad[8].
  • El psiquiatra Peter Breggin es uno de los críticos principales de la prescripción de estimulantes como el Ritalin; también fue indagado por el Congreso estadounidense en el marco de una causa judicial de gran repercusión.
  • El neurólogo Fred A. Baughman sostiene que se debe diferenciar entre enfermedades “reales” (epilepsia, tumor cerebral, etc.) y problemas psicológicos o emocionales que no son enfermedades (esquizofrenia, trastorno bipolar, trastorno depresivo mayor, trastorno fronterizo o borderline, ataques de pánico, fobias específicas, trastorno por estrés postraumático, etc.).
  • La “teoría del granjero y el cazador” ha sido propuesta por el locutor radiofónico Thom Hartmann, autor de varios éxitos de ventas de divulgación científica sobre este tema, dirigidos al público no especializado. Sostiene que el TDAH fue originalmente un modelo comportamental que dotaba al cazador de ventajas comparativas respecto de sus congéneres, tales como un temperamento incansable, enérgico, explorador, sensorialmente hipervigilante y rápidamente predispuesto a huir o plantar cara/enfrentarse (fight or flight) frente a eventos potencialmente peligrosos. Estas características habrían resultado biológicamente valiosas, antes de que la agricultura modelara hábitos de vida sedentarios entre los humanos. En el mundo moderno, este tipo de comportamiento se considera inapropiado, principalmente en centros de estudio, donde se valora la atención y se desaprueban la inquietud y la impulsividad.
  • Un estudio publicado en el Proceedings of the National Academy of Science24 sugiere, en este sentido, que comportamientos que hoy en día se consideran inadecuados en las escuelas podrían estar relacionados con conductas que alguna vez ayudaron a los humanos a hacer frente a su medio ambiente. Una variación del gen DRD4 (alelo 7R), que está fuertemente asociada con el TDAH y un comportamiento conocido como búsqueda de la novedad, habría aparecido como una mutación beneficiosa hace entre unos 10 000 y 40 000 años. Dada la alta prevalencia de esta variación genética, puede suponerse que proporciona ciertas ventajas, dado que no ha sido eliminada por los procesosevolutivos.
  • Entre ellas parece unánimemente aceptado que, combinado con un alto cociente intelectual, el TDAH favorece una alta capacidad creativa y de innovación, estimulando los instintos de experimentación. Esto explicaría que personas en las que coinciden un alto CI y un TDAH rindan notablemente más que la media y se asocien a ideas y conductas que, por significativamente distintas y contradictorias, poseen un alto valor de diferenciación y originalidad. Esto sería aplicable a numerosos personajes de la Historia, considerados “genios”, como los antes citados, que destacaron en diversas áreas simultáneamente.
  • El llamado “tiempo cognitivo lento” (TCL o, en inglés, SCT, de “sluggish cognitive time”) es un término descriptivo para identificar más fácilmente lo que parece ser un grupo homogéneo dentro de la clasificación que del TDAH con predominio de falta de atención (TDAH-I o TDAH-PI) hace el DSM-IV. Es posible que la población con TCL represente el 30-50 por ciento de la población con TDAH-PI.
  • En EE. UU. las escuelas reciben una subvención de 400 dólares por cada caso detectado, se supone que para compensar los gastos ocasionados por los escolares especialmente molestos.25
  • Existe una seudociencia que describe niños de estas característica como niños índigo aunque nunca han podido demostrar científicamente dichas afirmaciones.
  • El nadador olímpico más medallista de todos los tiempos, el estadounidense Michael Phelps, fue diagnosticado con TDAH en su niñez.
  • Recientes estudios han demostrado que el ruido blanco de fondo mejora la función cognitiva de estudiantes de secundaria con TDAH mientras que empeora la de estudiantes que no presentan este trastorno. [9][10]

Precauciones

  • Evitar el sobrediagnóstico y el sobretratamiento del trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH).26

Véase también

Notas

  1. a b Zametkin AJ, et al: “Cerebral glucose metabolism in adults with hyperactivity of childhood onset”. N Engl J Med. 15 nov 1990;323(20):1361-6. PMID 2233902
  2. a b c d e Michanie, Claudio: “Diferencias del trastorno por déficit de atención en el niño y el adulto: consideraciones diagnósticas y terapéuticas”. En Moizeszowicz, Julio (ed.): Psicofarmacología Psicodinámica IV – Actualizaciones 2004. Buenos Aires: el autor, 2004. 59-82. ISBN 987-43-8089-6 |Texto completo (PDF)
  3. a b OMIM 143465
  4. Anderson JC, et al: “DSM-III disorders in preadolescent children. Prevalence in a large sample from the general population”. Arch Gen Psychiatry. Enero de 1987;44(1):69-76. PMID 2432848
  5. Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos: “Hoja informativa sobre el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDA/H)”. Disponible en línea
  6. Biederman J, et al: “The age-dependent decline of attention deficit hyperactivity disorder: a meta-analysis of follow-up studies”. Psychol Med. Feb 2006;36(2):159-65. PMID 16420712
  7. a b Barkley, Russell A. Attention-Deficit/Hyperactivity Disorder: Nature, Course, Outcomes, and Comorbidity. el trastorno MOLL Y FUENTES, ContinuinedEdCourse.Net. Consultado en octubre de 2007.
  8. Presentación de Barkley SchwabLearning.org.
  9. OMIM 608903
  10. OMIM 608904
  11. OMIM 608905
  12. OMIM 608906
  13. Kooij JS, et al: “Response to methylphenidate in adults with ADHD is associated with a polymorphism in SLC6A3 (DAT1)”. Am J Med Genet B Neuropsychiatr Genet. 2007 oct 22. PMID 17955457
  14. Gene Tests: Attention Deficit-Hyperactivity Disorder, Susceptibility to
  15. Bush G, et al: “Anterior cingulate cortex dysfunction in attention-deficit/hyperactivity disorder revealed by fMRI and the Counting Stroop”. Biol Psychiatry. 15 jun 1999;45(12):1542-52. PMID 10376114
  16. Castellanos FX, et al: “Developmental trajectories of brain volume abnormalities in children and adolescents with ADHD”. JAMA. 9 oct 2002;288(14):1740-8. PMID 12365958 | Texto completo (PDF)
  17. Cabe recordar que en los trastornos funcionales no se requiere la presencia de hallazgos anátomo o histopatológicos (tales como modificaciones morfológicas o lesiones; pero, paradójicamente, se afirma que existe una base orgánica) para instituir diagnóstico y tratamiento (desde esta perspectiva biologicista, reduccionista y tautológica, eminentemente psicofarmacológico). Este principio se estableció hace ya varias décadas en obras clásicas sobre patología. Por ejemplo, el patólogo alemán Herwig Hamperl (1899-1976) escribió en alusión a las modificaciones morfológicas que “no debemos sobreestimar su importancia”, y añadió:

No toda actividad patológica ha de ir forzosamente unida a modificaciones de la estructura, o al menos a modificaciones que nosotros seamos capaces de captar con nuestras técnicas modernas (desde su época hasta ahora las técnicas de neuroimagen han avanzado tanto que permitirían demostrar una supuesta causa orgánica subyacente). Hablamos entonces de trastornos funcionales o de patología funcional.

(Hamperl, Herwig y Sánchez Lucas, Julio G. (trad.): Tratado de patología general y anatomía patológica. Barcelona: Labor, 1946, 4.a edición, pág. 3.)

  1. Campbell-McBride: El síndrome del intestino y la psicología GAPS. Cambridge. 2011. ISBN: 978-0954852030
  2. “Cephalon receives approvable letter for Sparlon(TM) for the treatment of ADHD in children and adolescents”, Cephalon, Inc., News Releases, 21 de octubre de 2005. Disponible en línea
  3. “Cephalon receives non-approvable letter on Sparlon(TM)“, Cephalon, Inc., News Releases, 9 de agosto de 2006. Disponible en línea
  4. Mesa dentro del X Congreso Nacional de Psiquiatría que lleva por título “TDAH en el adulto: del escepticismo a las evidencias biológicas”
  5. Consecuencias de TDAH
  6. “Un 20 % de los adultos que sufren adicciones a la cocaína, cannabis y otras sustancias, padecen TDAH”
  7. Ding YC, et al: “Evidence of positive selection acting at the human dopamine receptor D4 gene locus”. Proc Natl Acad Sci U S A. 8 en 2002;99(1):309-14. PMID 11756666 | Texto completo (PDF)
  8. “El lucrativo mito de los niños hiperactivos”. (El abuso de psicofármacos en niños con déficit de atención, por Juan Carlos Ruiz Franco).
  9. Morell Sixto ME, Martínez González C, Quintana Gómez JL. Disease mongering, el lucrativo negocio de la promoción de enfermedades. Rev Pediatr Aten Primaria. 2009; 11(43):491-512.

Bibliografía general

  • Barkley, Russell A.: Taking charge of ADHD: the complete, authoritative guide for parents. Nueva York: Guilford Press, 2000. ISBN 1-57230-560-6
  • Bradley, C. (1937): “Behavior of children receiving Benzedrine”. Am J Psychiatry; 94: 577-585.
  • Castellanos FX, Acosta MT: “Syndrome of attention deficit with hyperactivity as the expression of an organic functional disorder”. Rev Neurol. 1-15 jul 2002;35(1):1-11. PMID 12389185
  • Cook EH, et al: “Association of Attention Deficit Disorder and the dopamine transporter gene”. Am J Hum Genet. Abr 1995;56(4):993-8. PMID 7717410 | Texto completo (PDF)
  • Faraone S, et al: “Genetic influences on attention deficit hyperactivity disorder”. Curr Psychiatry Rep. Abr 2000;2(2):143-6. PMID 11122947
  • First, Michael; Frances, Allen; Pincus, Harold; Asociación Americana de Psiquiatría (ed.); Flórez i Formenti, Tomàs de (trad.): DSM-IV-TR, manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Barcelona: Masson, 2003. ISBN 84-458-1087-1
  • García Pérez, E.M.[11](2008): “Adaptaciones Curriculares metodológicas para Escolares con Déficit de Atención”. Bilbao: COHS Consultores. ISBN: 84-95180-10-0
  • García Pérez, E.M.[12](2006): “S.O.S. en el Aula. Ayudas para profesores de Niños Hiperactivos e Inatentos”. Bilbao: COHS Consultores. ISBN: 84-95180-33-2
  • García Pérez, E.M.[13](reedición 2004): “Rubén el Niño Hiperactivo”. Bilbao: COHS Consultores. ISBN: 84-95180-50-2
  • García Pérez, E. y Magaz, A. (2003): “Mitos, Errores y Realidades sobre la Hiperactividad”. Bilbao: COHS Consultores. ISBN: 84-95180-85-5
  • García Pérez, E.M.[14](1997): “¡Soy Hiperactivo-a! ¿Qué Puedo Hacer?. Bilbao: COHS Consultores. ISBN: 84-95180-50-2
  • Green, Christopher y Chee, Kit (1994): Understanding ADD. Doubleday. ISBN 0-86824-587-9
  • Kelly, Kate y Ramundo, Peggy (1993): You mean I’m not lazy, stupid, or crazy?! A self-help book for adults with attention deficit disorder. ISBN 0-684-81531-1
  • Organización Mundial de la Salud (ed.); López-Ibor Aliño, Juan José (tr.): CIE-10: trastornos mentales y del comportamiento. Madrid: Meditor, ISBN 84-87548-13-X
  • Organización Mundial de la Salud; Secretaría General de Asuntos Sociales de España; Organización Panamericana de la Salud (eds.): Clasificación internacional del funcionamiento, de la discapacidad y de la salud (CIF). Ginebra: Organización Mundial de la Salud, 2001. ISBN 92-4-354542-6 | OCLC 49036441
  • Wilens, Timothy E.: Straight talk about psychiatric medications for kids. Edición revisada, 2004. ISBN 1-57230-945-8

Lecturas adicionales

Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Trastorno_por_d%C3%A9ficit_de_atenci%C3%B3n_con_hiperactividad

¿Qué es el TDAH?

  • ¿Qué es el TDAH?

 

El Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) es un trastorno de origen neurobiológico que se caracteriza por un desarrollo inapropiado del nivel de atención, hiperactividad-impulsividad presente antes de los 7 años y que produce un deterioro clínicamente significativo en dos o más áreas/aspectos de la vida del niño.

Las dificultades para mantener la atención y conductas de hiperactividad/impulsividad están presentes con mayor gravedad e intensidad de lo que suele verse en otras personas. Por lo tanto los pacientes con TDAH pueden tener dificultades para mantener la atención, pueden ser hiperactivos e inquietos, y/o pueden actuar de forma impulsiva. Los síntomas del TDAH se manifiestan en distintas actividades y áreas, como el colegio, el trabajo o en cualquier otro ambiente social. Este trastorno se inicia en la infancia, pero puede continuar en la adolescencia y la edad adulta.

Actualmente, el TDAH es uno de los trastornos psiquiátricos más prevalentes en pediatría. A nivel mundial, se estima que entre el 3 y el 7% de los niños pueden estar afectados. En España, distintos estudios han evaluado la proporción de niños con TDAH en distintas áreas geográficas, que varía entre el 4,57% y 10,81%.

Afecta principalmente a varones (entre 3 y 6 veces más frecuente que en hembras), y hasta en un 85% se asocia a otros trastornos psiquiátricos (comorbilidad).

Pese a que pueda existir sospecha clínica en niños de menos de 6 años el diagnóstico de TDAH requiere haber superado esta edad. Además, es frecuente que le TDAH se reconozca en los niños cuando comienza la educación primaria, coincidiendo con dificultades en el rendimiento escolar y la presentación de disfunciones sociales.

 

Tener TDAH

Puede afectar a todos los aspectos de la vida: en casa, en el colegio, en el trabajo y con los amigos.

El TDAH puede desaparecer con el proceso de maduración del niño. Sin embargo, los estudios han demostrado que en hasta un 70% de los casos el TDAH puede prolongarse en la adolescencia y hasta un 40% podría continuar en la edad adulta. El impacto del trastorno repercute tanto en la vida de quienes lo padecen como en la sociedad: las dificultades emocionales (depresión, irritabilidad), los problemas sociales (comportamiento antisocial), el abuso de sustancias, una mayor tasa de desempleo, problemas de pareja, accidentes de tráfico o el aumento de delitos, son algunas de las complicaciones que se han relacionado con el TDAH.

Por eso es tan importante diagnosticar el trastorno y establecer un plan individualizado de tratamiento. Un programa eficaz de tratamiento, puede permitir a las personas que padecen TDAH disfrutar de una vida menos caótica y más estructurada.

El TDAH para familiares y amigos

Los niños con TDAH se mueven nerviosamente e interrumpen continuamente a los demás. Todos los niños se comportan así de vez en cuando, pero en un niño con TDAH los problemas se prolongan durante al menos 6 meses, mostrando comportamientos perturbadores que no pueden explicarse por otro trastorno psiquiátrico y no concuerdan con el comportamiento de otros niños del mismo nivel de desarrollo. Estos comportamientos van más allá de lo que denominamos habitualmente “mal comportamiento”.

A los niños que padecen este trastorno, les resulta complicado finalizar tareas o actividades cotidianas, pueden ser hiperactivos e impulsivos y presentarfluctuaciones del estado de ánimo y “torpeza social”. Estos síntomas pueden causar un alto nivel de estrés a los padres, hermanos y hermanas del niño con TDAH.

Identificar el TDAH en el colegio

El TDAH es con frecuencia identificado en el colegio. Si un profesor sospecha que un alumno de su clase puede padecer este trastorno (o uno similar), es importante que hable con los padres del niño para que sea evaluado lo antes posible. El orientador escolar debería ponerse en contacto con los especialistas externos necesarios para organizar este proceso. A menudo, se solicita a los padres que colaboren aportando información relevante sobre el comportamiento de su hijo, para garantizar una evaluación lo más precisa posible.

Tipos de TDAH

Según el DSM-IV-TR (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, cuarta edición) de la Asociación Americana de Psiquiatría (2001) el TDAH se clasifica en:

 

  • TDAH – subtipo combinado: Presenta los tres síntomas nucleares – déficit de atención, hiperactividad e impulsividad.
  • TDAH – subtipo con predominio de déficit de atención: El síntoma nuclear es la inatención.
  • TDAH – subtipo con predominio hiperactivo/impulsivo: En el cual la conducta predominante es la hiperactividad y/o la impulsividad.

 

Según el CIE 10 (HKD) el TDAH se clasifica en:

 

  • Alteración de la actividad y la atención: Presenta los síntomas nucleares – déficit de atención, hiperactividad e impulsividad.
  • Trastorno de conducta hipercinético: A los tres síntomas nucleares del TDAH se le suma un trastorno de conducta.

Genética del TDAH

Existe evidencia científica sobre el componente genético del TDAH. Las conclusiones de estos estudios parecen indicar una alta heredabilidad del trastorno. Sin embargo, está claro que existe una interrelación de múltiples factores genéticos y otros factores ambientales.

Se consideran factores ambientales del TDAH (entre otros): los traumatismos craneoencefálicos en la infancia, las infecciones del sistema nervioso central, la prematuridad, la encefalopatía hipóxico-isquémica, el bajo peso al nacimiento o el consumo de tóxicos como el alcohol o el tabaco en el embarazo.

Recientes estudios muestran la complejidad genética de este trastorno, ya que se han visto implicados distintos cromosomas y genes. Su herencia no se ajusta a los patrones mendelianos (transmisión de un único gen mediante un patrón dominante, recesivo o ligado al cromosoma X), por lo que obedece a lo que se conoce como una herencia compleja.

Para saber más sobre la genética del TDAH diríjase a la sección Causas del TDAH.

Fuente: http://www.tdahytu.es/que-es/

Definición y características del TDAH

 


El TDAH o Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad es un trastorno neurobiológico de carácter crónico, sintomáticamente evolutivo y de probable transmisión genética que afecta entre un 5 y un 10% de la población infantil, llegando incluso a la edad adulta en el 60% de los casos. Está caracterizado por una dificultad de mantener la atención voluntaria frente a actividades, tanto académicas como cotidianas y unido a la falta de control de impulsos.

 

La sintomatología puede manifestarse de forma diferente según la edad del niño y se debe desarrollar en dos ó más ambientes como en casa y en el colegio. Se da con mayor frecuencia entre los niños que entre las niñas en una proporción 4:1, y lo padecen tanto niños como adolescentes y adultos de todas las condiciones sociales, culturales y raciales.

La opinión actual sobre la etiología del trastorno se centra en un fallo en el desarrollo de los circuitos cerebrales en que se apoyan la inhibición y el autocontrol, funciones cruciales para la realización de cualquier tarea.

El trastorno se divide actualmente en tres subtipos de acuerdo a las principales características asociadas al desorden: Inatento; hiperactivo-impulsivo y combinado.

DÉFICIT DE ATENCIÓN

  • A menudo no presta atención suficiente a los detalles y comete errores por descuido tanto en las tareas escolares como en otras actividades.
  • A menudo tiene dificultad para mantener la atención en las tares.
  • A menudo tiene dificultad para organizar tareas o actividades.
  • A menudo evita tareas que le requieren esfuerzo mental.
  • A menudo no sigue las instrucciones que se le indican.
  • A menudo parece no escuchar cuando se le habla.
  • A menudo pierde cosas necesarias para las tareas (lápices, libros, ejercicios escolares, agenda,?.).
  • A menudo es descuidado y olvidadizo en las actividades diarias (lavarse los dientes, vestirse, recoger sus cosas).
  • A menudo se distrae fácilmente por estímulos irrelevantes.
  • A menudo tiene dificultad para prestar atención a dos estímulos distintos ( por ejemplo, leer lo que está en la pizarra y escribirlo en el cuaderno).

HIPERACTIVIDAD

  • A menudo mueve en exceso manos y pies y se retuerce en el asiento.
  • A menudo le cuesta quedarse sentado cuando lo debe hacer.
  • A menudo corre o trepa en situaciones inapropiadas. A menudo le es difícil jugar o participar en actividades de forma tranquila.
  • A menudo “está en marcha” y suele actuar cómo si tuviera un motor.
  • A menudo habla en exceso.
  • A menudo expresa las emociones con mayor intensidad.
  • A menudo va de un lado a otro sin motivo aparente.
  • A menudo le cuesta esperar su turno.

IMPULSIVIDAD

  • A menudo actúa sin pensar.
  • A menudo habla en momentos poco oportunos o responde precipitadamente a preguntas que todavía no se han acabado de formular.
  • A menudo interrumpe a los demás o se entromete en sus asuntos.
  • A menudo interrumpe en juegos y explicaciones.
  • A menudo es poco previsor y olvida planificar.
  • A menudo se muestra impaciente y tiene dificultad para aplazar una gratificación.
  • A menudo pierde con facilidad la paciencia.
  • A menudo tiene mal humor o irritabilidad.
  • A menudo no sabe perder y se pelea por cualquier cosa.
  • A menudo destroza sus propias cosas y las de otros.

Los síntomas que evidencian un TDA-H pueden presentarse en su totalidad o en parte. El Manual Diagnóstico Estadístico de Enfermedades Mentales DSM-IV, distingue tres subtipos:

Combinado: si al menos 6 de los síntomas de atención y 6 de los síntomas de hiperactividad- impulsividad están presentes por un mínimo de 6 meses.

Predominantemente Inatento: si al menos 6 síntomas de atención, pero menos de 6 en el de impulsividad- hiperactividad están presentes por un mínimo de 6 meses.

Predominantemente Hiperactivo ? Impulsivo: Si al menos 6 síntomas de hiperactividad-impulsividad están presentes, pero menos de 6 del ámbito de atención por un mínimo de 6 meses.

Comportamientos y manifestaciones mas habituales del afectado por TDAH

Las manifestaciones o características más habituales de este trastorno se relacionan con los siguientes comportamientos:

Su actividad motriz les lleva a levantarse continuamente de su asiento, charlar con los compañeros, hacer ruido… lo que provoca una interrupción constante del profesor

Su dificultad de concentración les hace distraerse fácilmente, llevándoles a dedicar más tiempo de lo normal a la ejecución de las tareas escolares y a obtener unos rendimientos más bajos. Ese bajo rendimiento escolar es consecuencia también de una mala memoria secuencial, produciéndoles dificultades de aprendizaje tanto en operaciones aritméticas, como en lecto-escritura.

Su impulsividad les suele llevar a un deseo de terminar las tareas lo más rápido posible, lo que provoca que cometan tantos errores, como comerse sílabas o palabras cuando escriben o leen, confundir unas palabras con otras?

A todas estas características hay que sumarles el alto grado de frustración que les produce el no realizar las tareas con la misma rapidez y diligencia de sus compañeros, las continuas quejas de sus profesores, el rechazo de sus compañeros, que en ocasiones les lleva a reaccionar con rabietas o estallidos, mostrándose hacia los demás como una persona con poca capacidad de autocontrol.

Todo ello tiene como consecuencia que les provoque una baja autoestima sobre si mismo apareciendo entonces otros trastornos como la depresión y la ansiedad, trastorno de conducta, trastorno oposicionista desafiante, en definitiva, una detección no temprana les puede conducir a cualquier tipo de conducta antisocial.

Fuente: http://www.fundacioncadah.org/web/articulo/definicion-y-caracteristicas-del-tdah.html

Falsos mitos o falsas creencias sobre TDAH:

Este apartado tiene como objetivo aportar las últimas evidencias científicas que permitan erradicar las falsas creencias sobre TDAH y desmitificar algunos de los falsos mitos creados alrededor del TDAH y sus implicaciones, así como evitar que los padres tengan miedos infundados u otras preocupaciones debidas a falsos mitos del TDAH.

Debido a que este trastorno no tiene un diagnóstico basado en una prueba diagnóstica concreta, unido al desconocimiento del trastorno tanto por los padres, familiares y pacientes, en muchos casos se crean falsas creencias a cerca del TDAH.

Estos falsos mitos del TDAH no tienen ninguna base científica que los avalen. Cabe señalar que entre estas falsas creencias del TDAH se encuentran algunas relacionadas con los síntomas del trastorno, con su existencia e incluso con los diferentes tratamientos.

Por todo esto, en esta página se pretende aclarar algunos de losfalsos mitos del TDAH.

 

El TDAH no existe, es un invento de la Psiquiatría norteamericana para etiquetar niños difíciles.: El TDAH, aunque ha recibido distintos nombres desde su primera descripción, la cual se hizo hace más de 100 años, es una entidad clínica reconocida como tal desde hace más de 50 años. En 1998, la American Medical Association lo describió como “uno de los trastornos mejor estudiados en medicina, en el que los datos globales sobre su validez superan a los de muchas enfermedades”, y la Organización Mundial de la Salud, en su documento “Caring for children and adolescents with mental disorders” (2003) lo identifica como un trastorno poco conocido y con importantes repercusiones económicas en el cuidado de la salud infantil.

La existencia del TDAH ha sido negada hasta fechas recientes debido al no reconocimiento de la existencia de una vida mental propia en la infancia. Aunque para su diagnóstico no exista una prueba concreta que lo determine con total seguridad, al igual que otras enfermedades como la enfermedad de Alzheimer, las migrañas, varias formas de meningitis o la gripe, debemos tener en cuenta que las pruebas de neuroimagen muestran las carencias de neurotransmisores que son causa del trastorno.

Frente a la frecuente alusión a la ausencia de pruebas médicas para su diagnóstico (de laboratorio, de imagen, etc.) como prueba de su inexistencia, debe recordarse que más de la mitad de las enfermedades carecen de pruebas de este tipo para su confirmación, entre las que se puede citar cualquiera de las enfermedades citadas anteriormente. Además, cada vez existen más datos sobre los genes implicados en el desarrollo del TDAH y de cómo estos determinan la alta heredabilidad del TDAH.

 

 

Aunque el TDAH existe, es un problema relativamente leve que desaparece con la edad.:

El TDAH es uno de los trastornos psiquiátricos más frecuentes en la infancia y en la adolescencia, y en las últimas décadas han surgido numerosas aportaciones que demuestran su persistencia en la edad adulta en buena parte de los casos; de hecho, se estima que elTDAH persiste en la vida adulta en aproximadamente un 30-70% de los casos. La sintomatología del TDAH en la edad adulta varía con respecto a la que se presenta en la infancia o adolescencia; los adultos no muestran la hiperactividad física o motriz típica de los niños, sino que presentan una hiperactividad más conductual.

Una de las principales preocupaciones sobre el TDAH a lo largo de la vida es su posible evolución tanto a otras patologías psiquiátricas, como a situaciones vitales adversas relacionadas con las alteraciones de la conducta propias del TDAH, y que pueden estar relacionadas, por ejemplo, con el abuso de sustancias. Un tratamiento óptimo para el abordaje del TDAH consiste en la combinación de medidas conductuales así como medidas farmacológicas, y se ha visto que este tipo de aproximación se asocia con una menor probabilidad de que sujetos con TDAH en la adolescencia-edad adulta, evolucionen hacia un trastorno por uso de sustancias u otro tipo de problema de conducta.
Si un niño no es hiperactivo, no puede tener TDAH.:

Aunque con frecuencia el TDAH asocia síntomas de hiperactividad e impulsividad, el tipo predominantemente inatento sólo presenta sintomatología de inatención, por lo que las conductas más evidentes (inquietud, oposicionismo, agresividad,…) no están presentes en él. Por otra parte, las niñas son menos hiperactivas y menos impulsivas que los niños, por lo que una niña afectada de TDAH puede no manifestar de forma evidente los síntomas conductuales propios del trastorno. Por ello, tanto padres como profesores deben tener esto en cuenta a la hora de consultar con un profesional si detectan síntomas exclusivamente de inatención en sus hijos/alumnos.

El TDAH afecta sólo a los varones.:

Aunque su proporción en varones es cuatro veces superior, las niñas también manifiestan este trastorno. Es posible que el infradiagnóstico sea mayor en las niñas, especialmente, en aquellos en los que predomina el déficit de atención y apenas exteriorizan la hiperactividad y la impulsividad.

El TDAH se debe a factores relacionados con alergias alimentarias, aditivos y colorantes u otros problemas ambientales.:

No existen pruebas científicas que señalen estos factores como causas del trastorno, ni tampoco que apunten a que los tratamientos basados en las restricciones dietéticas sean eficaces.

El TDAH se debe a la mala educación proporcionada hoy día por los padres.:

El TDAH es un trastorno neurobiológico sin relación alguna en su aparición con las características familiares, aunque en el caso de que existiera el TDAH, una situación familiar desfavorable podría agravar los síntomas, ya que el trastorno implica en muchos casos baja autoestima y otros problemas asociados.

En resumen, si las condiciones familiares son negativas, podrían agravar el TDAH, pero no son causa para producirlo.

 

 

El TDAH es un trastorno debido a la forma actual de vida, que antes no existía y cuyas cifras están aumentando.:

Aunque es cierto que ciertas características de la sociedad actual pueden hacer más patente su presencia (las mayores exigencias escolares y sociales desde temprana edad, la menor disponibilidad de soportes externos para las familias actuales, etc.) no debe olvidarse que la primera descripción médica del trastorno data de 1902. Posteriormente, en los años 50 comenzó a denominarse Síndrome Hiperkinético Impulsivo y a partir de 1960, se comenzó a denominar Síndrome Hipercinético.

El manual de clasificación diagnóstica DSM-II (1968) (Diagnostic and Statistical Manuall-II) introdujo por primera vez la categoría reacción hipercinética de la infancia y, en los años 70 se incluyeron otras características como la inatención. El término actual TDAH (con o sin hiperactividad) se introdujo en el manual DSM-III en 1980. Además de esto hay que señalar que a lo largo de todo el siglo XX y principios del XXI se han sucedido los estudios en relación con el trastorno En resumen, el TDAH ha existido siempre, existe en todas las sociedades y simplemente lo que sucede es que los síntomas se hacen más patentes y condicionan más la vida, a medida que aumentan las exigencias escolares, laborales y sociales.

Es popular el caso de Philip, TDAH típico, descrito por los hermanos Andersen en su segunda edición de 1846. Por otro lado, los datos sobre la presencia del TDAH son estables a lo largo del tiempo y similares tanto en países industrializados como en países en vías de desarrollo y del llamado tercer mundo.

El niño con TDAH necesita clases especiales.:

El TDAH no tiene porqué afectar necesariamente a la capacidad intelectual del niño, aunque sus síntomas sí afectan al rendimiento escolar. Por ello, los niños con TDAH pueden precisar intervenciones específicas de tipo pedagógico, pero no una ubicación escolar diferente al resto de los niños de su edad y nivel de desarrollo.

El tratamiento farmacológico se utiliza en el TDAH para sustituir las intervenciones psicológicas y escolares, más costosas y eficaces.:

Un reciente estudio llevado a cabo con más de 400 niños afectos de TDAH ha demostrado que el tratamiento multimodal (la combinación del tratamiento farmacológico y las intervenciones psicológicas y escolares) es el tratamiento más eficaz del trastorno. Aunque se ha demostrado que la eficacia de la medicación como tratamiento único es mucho mayor que la del tratamiento psicológico único, el objetivo de la medicación no es sustituir ninguna intervención, sino normalizar síntomas. En realidad, cuando el fármaco es eficaz, las intervenciones psicológicas y escolares son mucho más sencillas y satisfactorias.

Los psicoestimulantes producen dependencia o su uso induce la aparición de dependencias.:

El uso correcto de los psicoestimulantes, del modo prescrito y a las dosis indicadas, no produce tolerancia (no deja de ser eficaz ni es preciso aumentar dosis, salvo por motivos de peso y edad) ni dependencia. Además, diversos estudios han demostrado que los niños en tratamiento farmacológico, en realidad tienen una menor probabilidad de presentar trastornos por abuso de drogas en la adolescencia y la vida adulta, que los que no han sido tratados con un fármaco. La frecuencia de problemas con las drogas en adolescentes que toman un fármaco indicado para el TDAH es prácticamente idéntica a la de los adolescentes sin TDAH.

Los psicoestimulantes dejan de ser eficaces en la adolescencia.: Los psicoestimulantes dejan de ser eficaces en la adolescencia.

Los estudios realizados en adolescentes señalan una eficacia de los psicoestimulantes similar a la que tiene en la infancia (70-80%). Si al llegar la adolescencia la medicación parece ser menos eficaz, lo primero que habría que preguntarse es si el adolescente sigue tomándola y si lo está haciendo a la dosis adecuada. Muchos niños llegan a la adolescencia sin haber adquirido conciencia de su trastorno y, consecuentemente, dejan de tomar una medicación que creen no necesitar.

Es fundamental que los padres y profesores trabajen con el adolescente para explicarle todo lo relacionado con el TDAH, así como contar con él en el proceso de toma de decisiones a la hora de conseguir que el tratamiento sea exitoso.

 

Los psicoestimulantes son fármacos inseguros que producen múltiples efectos secundarios.:

Todos los fármacos pueden llegar a producir efectos adversos, por eso, siempre es el médico quién debe controlar todo lo relacionado con el tratamiento; por otro lado, los psicoestimulantes son fármacos con más de 60 años de uso y multitud de estudios que los avalan, y que han demostrado su eficacia y seguridad en el tratamiento del TDAH. No existen casos publicados de muertes por sobredosis o por otros motivos (a pesar de lo que algunas páginas en Internet indican). De hecho, los psicoestimulantes se encuentran entre los fármacos con más datos específicos en población infantil.

Al igual que todos los medicamentos, los psicoestimulantes pueden producir efectos adversos, aunque no todas las personas los manifiesten.

El tratamiento con psicoestimulantes debe interrumpirse en vacaciones y fines de semana.:

Cuando un individuo padece un déficit atencional, lo padece a todas horas, de lunes a domingo y de enero a diciembre, aunque no siempre sea evidente. Por lo que es frecuente que se plantee ¿para qué tomarlo si no se necesita? Esta visión resulta algo simplista. Un individuo, especialmente un niño, siempre está aprendiendo. Aprende cuando ve a otra persona utilizar una herramienta, aprende cuando juega, aprende cuando mira la TV, aprende cuando se le riñe… Siendo así la pregunta en realidad sería ¿le privamos de la posibilidad de poder utilizar su capacidad atencional porque ya no va a clase?

A pesar de la existencia de distintas posturas, las guías de tratamiento más recientes recomiendan que no se interrumpa, salvo que exista algún efecto secundario o que se quiera comprobar, haciendo una interrupción durante un periodo concreto de tiempo, si el tratamiento sigue siendo eficaz. Su médico será siempre la persona que deberá valorarlo.

Los psicoestimulantes alteran el crecimiento (por eso debe interrumpirse periódicamente).:

Aunque es uno de los efectos adversos que puede aparecer con estos tratamientos, algunos estudios hablan de una disminución de la talla final de los niños de 1 a 3 cm (Pediatrics 1998. Spencer), lo que parece poco significativo comparado con las consecuencias del trastorno sin tratamiento. Estudios recientes como el realizado por Biederman (J Pediatr. 2010. Biederman) en el que se realizó el seguimiento de 261 niños durante 10 años no evidenció diferencias en peso o altura al final del estudio entre los niños tratados con psicoestimulantes o los niños del grupo control sin tratamiento. Por otro lado, siempre será adecuado que el médico controle el crecimiento del niño durante el tratamiento, al menos cada 6 meses y en cada visita.

No es bueno dar medicación a los niños.:

La decisión de usar un fármaco debe estar basada en una evaluación completa de la gravedad y cronicidad de los síntomas del niño en relación con su edad. La utilización de medicación siempre debe hacerse de acuerdo a la indicación autorizada y de acuerdo a las directrices de prescripción y diagnóstico.

 

Fuente: http://www.trastornohiperactividad.com/falsas-creencias-tdah

TDAH

 

Definición y tipos

El trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad (TDAH), es un trastorno que se inicia en la infancia y se caracteriza por dificultades para mantener la atención, hiperactividad o exceso de movimiento e impulsividad o dificultades en el control de los impulsos.

El TDAH se ubica en la clasificación de los trastornos mentales del APA (Asociación Americana de Psiquiatría), en el apartado de trastornos por déficit de atención y comportamiento perturbador (DSM IV, cuarta edición del manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, 1994).

 

De acuerdo con ésta clasificación, se establecen 3 subtipos del TDAH, según la presentación del síntoma predominante:

  • Tipo con predominio del déficit de atención.
  • Tipo con predominio de la impulsividad-hiperactividad.
  • Tipo combinado, donde predominan tanto sintomas de desatención como de impulsividad-hiperactividad.

 

En la clasificación estadística internacional de enfermedades de la OMS (la CIE-10 de 1992), más utilizada en el ámbito europeo, el TDAH se ubica en el apartado de Trastorno hipercinético, clasificado en cuatro categorías básicas:

  • Trastorno de la actividad y de la atención: subdividido en Trastorno de déficit de atención y Síndrome de déficit de atención con hiperactividad.
  • Trastorno hipercinético disocial.
  • Otros trastornos hipercinéticos.
  • Trastorno hipercinético sin especificación.

 

La característica esencial del TDAH es un patrón persistente de desatención y/o hiperactividad-impulsividad, más frecuente y grave que el observado habitualmente en sujetos de un nivel de desarrollo similar.

  • Según el DSM-IV, para diagnosticar el TDAH en cualquiera de sus categorías: Algunas alteraciones provocadas por los síntomas, se presentan en dos o más ambientes (por ejemplo en casa y en la escuela).
  • Algunos de estos síntomas que causan alteraciones, estaban presentes antes de los 7 años de edad.
  • Debe haber pruebas claras de deterioro clínicamente significativo de la actividad social, académica o laboral, es decir de que los síntomas interfieren de forma significativa la vida de la persona.
  • Los síntomas no aparecen exclusivamente en el transcurso de un trastorno generalizado del desarrollo, esquizofrenia u otro trastorno psicótico ni se explican mejor por la presencia de otro trastorno mental.

 

Algunos autores, destacan las dificultades de autocontrol como eje central del trastorno. En este sentido, se describe el TDAH como un “déficit para inhibir la conducta prepotente” (Barkley 1995).

Principalmente, hay que distinguir el TDAH de comportamientos propios de la edad en niños activos, retraso mental, situaciones de ambiente académico poco estimulante y sujetos con comportamiento negativista desafiante (DSM-IV).

Fuente: http://www.fundacionadana.org/definicion

Estás en: TDAH > TDAH


¿Buscas un coach, un psicólogo o varios psicólogos en Barcelona?  Visita Coach Barcelona, Psicólogo Barcelona o Psicólogos Barcelona
¿Te interesa la PNL? ¿Ser constante, tener paciencia? ¿Ver si tienes daltonismo o superar un  test de daltonismo?


Uno de nuestros patrocinadores es una gran compañía de telecomunicaciones (Movistar, Orange, Vodafone)... próximamente tendremos a nuestra disposición artículos estilo ipad, iphone, ipod, smartphones en general, así como adsl gratis durante un año e incluso viajes. Estamos negociando acuerdos para poder regalar (previo sorteo) estos productos a los simpatizantes, suscritos a newsletter, seguidores de Twitter y Facebook, etc.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

¿Buscas un coach, un psicólogo o varios psicólogos en Barcelona?  Visita Coach Barcelona, Psicólogo Barcelona o Psicólogos Barcelona
¿Te interesa la PNL? ¿Ser constante, tener paciencia? ¿Ver si tienes daltonismo o superar un  test de daltonismo?